divendres, 15 de gener del 2010

La cementera Lafarge: de oca a oca y tiro… (1)

El pasado 14 de enero celebramos en Montcada i Reixac un pleno extraordinario con un único punto en el orden del día: Cementos Lafarge. El Pleno, que generó una gran expectación entre defensores y detractores de Lafarge, concluyó con un posicionamiento unitario entre todos los grupos municipales. Se acordó solicitar a la Generalitat de Catalunya que suspenda el otorgamiento de la autorización ambiental definitiva en la utilización de biomasa como combustible en el horno de la cementera ubicado en nuestro municipio hasta que se tengan datos suficientes, y sólidas garantías, de que la actividad de la cementera no representa un riesgo para la salud de vecinos y trabajadores.
Como Alcalde, estoy muy satisfecho del posicionamiento común de todos los grupos municipales, de todos los regidores y regidoras, en un tema tan importante para la ciudad como es éste. Mi objetivo, como he indicado en muchas ocasiones, es preservar y conversar la salud de todos y todas, de vecinos y trabajadores, a la vez que proteger los puestos de trabajo de los trabajadores y trabajadoras de la empresa. A partir de aquí me gustaría hacer un par de reflexiones sobre este asunto.
Como hemos podido comprobar, de un tiempo a esta parte, cualquier analista local ha podido observar que hay voluntades interesadas en volver a convertir el asunto de la cementara Lafarge en un tema de ciudad. Los temas de ciudad son aquellos que generan defensores y detractores. Respirar oxigeno o comer cada día nunca será un tema de ciudad, porque no tiene opositores. Los temas de ciudad son, sobre todo, asuntos que toman o recobran popularidad entre la ciudadanía con opiniones enfrentadas. Vaya por delante que la convivencia de una cementera con un núcleo de población cercana, como es el barrio de Can Sant Joan, nunca ha sido fácil ni pacífica, ni ahora ni en el pasado, y menos lo será en el futuro. No sólo por el impacto físico que representa una fábrica mastodóntica como ésta, sino porque las emisiones que provoca siempre estarán en tela de juicio, bajo sospecha continua. En los tiempos que vivimos nadie quiere tener a su lado actividades que le perjudiquen. Es lo que se conoce como el fenómeno NIMBY, siglas inglesas que significan Not In My Back Yard (no en mi patio trasero). Consiste en el movimiento de oposición que generan determinados ciudadanos, organizados en plataformas, para enfrentarse a los riesgos que supone la instalación en su entorno inmediato de ciertas actividades o instalaciones que son percibidas como peligrosas, o debido a sus externalidades negativas.
Las centrales o cementerios nucleares, más las antenas de telefonía móvil, las instalaciones de narcosalas, o las incineradoras son ejemplos que provocan estas reacciones entre determinados vecinos. Yo creo que, por poner un ejemplo, los ciudadanos de Vandellós, lo que deben exigir son estrictos controles de seguridad de la central nuclear que tienen en el municipio, o los vecinos que viven al final de la avenida Meridiana de Barcelona no pueden pretender que se cierre la C-58 o la C-33 porque pasen muchos vehículos cerca de sus balcones, lo que si deben hacer es exigir una convivencia pacífica, con el derecho a la movilidad, al descanso y al desarrollo sostenible.
Con las cementeras sucede algo parecido, sus defensores hablan que la sociedad no puede dar la espalda a la necesidad de cemento que tienen nuestra economía, ni negar que las emisiones y los controles ambientales son estrictos, además de que hay muchos puestos de trabajo en juego y muchas empresas auxiliares vinculadas directamente. Los detractores afirman que las muertes por exposición a sus emisiones, o las enfermedades crónicas que provocan las cementeras deterioran la calidad de vida de los vecinos y son una amenaza, y que por el vil lucro de la empresa se pone en juego la salud de las personas que viven cerca o trabajan en ella.
En política, debemos contemplar la máxima objetividad a la hora de valorar lo más conveniente para la ciudadanía. Esto no es el juego de la oca, como muchos parecen entender. El objetivo número uno de la política local es la calidad de vida de los ciudadanos. El acceso a la educación, a la salud, o al trabajo, entre otros. Si alguno de éstos se resiente, debemos poner remedio. Ese es mi objetivo.

dimarts, 12 de gener del 2010

La oposición y algunos temas de ciudad: los presupuestos municipales para el 2010

La sesión de aprobación de unos presupuestos públicos son, tras los discursos de investidura de presidentes o alcaldes, uno de los actos de mayor trascendía política de cualquier legislatura. Si los presupuestos son la política en números, la sesión donde se presentan y debaten es la esencia misma de la democracia parlamentaria. Podemos decir que la sala de plenos se convierte en un verdadero coso político donde se miden las fuerzas, los argumentos, donde se defiende y se critica, donde, dialécticamente, se baten los diferentes portavoces, donde se esgrime la política en estado puro. Todo ello exige una preparación minuciosa, un argumentario rico, además de llegar preparado y convencido a la sesión, sabiendo qué se defiende y qué se ataca, planteando alternativas, soluciones y mejoras en la acción de gobierno.
Pues bien, el pasado 8 de enero celebramos en Montcada y Reixac un pleno extraordinario donde se presentaban los presupuestos municipales para el 2010. Es decir, una sesión de máxima importancia política. Al acabar, y ya con los presupuestos aprobados con el voto afirmativo del gobierno de la ciudad, la sensación que tuve como Alcalde es que la oposición había divagado como nunca. Desde el primer momento me dio la sensación de que habían preparado poco la sesión. Sospecha que quedó confirmada en las diferentes intervenciones de los portavoces de la oposición. Mientras los escuchaba no dejaba de pensar en el sentido de la política. Creo que un debate de presupuestos exige más rigor, ganas y preparación que el que pude observar. En él, no se puede hacer demagogia diciendo, como oí de la portavoz de la derecha más rancia, que hay que bajar impuestos y ofrecer más servicios, algo parecido a proponer que con menos se haga más, o que cualquier trabajador con menos sueldo tenga un coche más grande o se vaya de vacaciones más lejos, más días y a un hotel más caro. Tampoco se puede decir en una reunión de presupuestos que el de este año es irreal, porque se ha incrementado un 1%, como comentó otro portavoz de la oposición, o que el presupuesto de educación baja un 80% respecto al año pasado. El presupuesto de educación no baja, sino que sigue una tendencia creciente, y el presupuesto de todo el Ayuntamiento para este año es muy austero, ha aumentado un porcentaje casi residual, si lo comparamos con que tenemos más población, más servicios que ofrecer y más proyectos de ciudad que atender. Yo creo que los presupuestos municipales –por ende la acción de gobierno– deben ser racionalmente incrementalitas y ambiciosos. No de una forma desproporcionada o descerebrada pero si siendo consciente, por poner algunos ejemplos, que la mayor oferta de plazas de guardería, alumbrado y limpieza viaria de nuevas calles, arreglo de vías públicas o los nuevos equipamientos municipales, son servicios que se ofrecen a la ciudadanía, pero que todo ello representa una inversión, un coste. El paroxismo llegó a su punto álgido cuando los portavoces de la oposición empezaron a mezclar churras con merinas. Confundiendo tocino con velocidad, llegando a conclusiones surrealistas de un presupuesto que como el que aprobamos el pasado 8 de enero si algo lo caracteriza es por su rigor, ambición de ciudad y compromiso de servicio. En definitiva, un presupuesto que avanza un paso más en el Plan de Acción Municipal, el compromiso de legislatura que adquirimos con toda la ciudadanía. Y es lo estamos haciendo.

dimecres, 30 de desembre del 2009

Los Fondos Zapatero para el 2010



Los llamados FEIL, Fondos Estatales de Inversión Local, comúnmente llamados Fondos Zapatero, están contribuyendo de forma más que positiva al dinamismo económico de país. Esta política macroeconómica de estímulo a la demanda agregada, de marcado carácter keynesiano, ha sido la práctica común en política económica en todos los países de nuestro entorno. Medidas necesarias para enfrentarse a la crisis, tal como han reconocido prestigiosos economistas y foros económicos internacionales, con el objetivo de reactivar el pulso económico.
En España, los FEIL 2009 han aportado el mayor volumen de inversión en toda la historia a favor de los Ayuntamientos, 8.000 millones de euros. Con el Plan del 2009 el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero buscó fomentar el empleo y la sostenibilidad Local. Con los nuevos FEIL, los del 2010, además de esto, persigue estimular la sostenibilidad económica, social y ambiental, en los que también se contempla que una parte se destinen a gastos corrientes relacionados con servicios sociales. Para el 2010, el Fondo está dotado con 5.000 millones de euros, con el firme compromiso de crear y sostener empleo en los municipios.
En Montcada i Reixac, estamos acabando de elaborar los diferentes proyectos que se presentarán a la convocatoria de los FEIL 2010. En estos se incluyen intervenciones en espacios públicos, equipamientos municipales, tecnologías de la comunicación, seguridad vial, medioambiente o inversiones en vía pública, entre otros. En total casi 3,6 millones de euros que se invertirán en Montcada i Reixac . Una cuantidad nada despreciable que contribuirá a la mejora, no sólo de la economía local, sino de la calidad de vida de nuestro municipio.
Con la gestión de estos fondos, desde Montcada i Reixac, queremos que sean los propios trabajadores del municipio los principales beneficiarios de la creación de ocupación. También queremos animar a las pequeñas y mediadas empresas de la ciudad a que concursen en la licitación en este tipo de intervenciones, ya que son una excelente oportunidad de dinamismo económico y empresarial.
Poco a poco, con la contribución de todos, el final del túnel de esta crisis económica que nos ha tocado lidiar se nos aparece más cercano.
Lo peor de la crisis parece que ha pasado, pero no podemos bajar la guardia en todo lo relacionado con las medidas que estimulen la demanda, que garanticen la reactivación de la economía y que sean una oportunidad para trabajadores y trabajadoras, empresas y ciudadanía. Montcada i Reixac apuesta por este dinamismo que pone a nuestra disposición el gobierno del Estado con los Fondos Zapatero para 2010.
Aprovecho para desearos a todos y todas Paz, Salut, Trabajo y Amor para el 2010, un nuevo año cargado de esperanza que será, sin lugar a dudas, mejor que el que dejamos atrás.
Zorionak eta urte berri on!

dijous, 24 de desembre del 2009

Soy taurino, ¿y qué? (y 2)


El debate sobre toros si o toros no, es superficial. En el fondo, es anecdótico. El verdadero debate es sobre si el Estado debe regularlo todo o no. Yo creo que no. Y, siendo socialista, me considero liberal en este aspecto.
Mi gusto por los toros viene de lejos. Mi padre era un gran aficionado, como buena parte de mi familia y yo mismo. En toda España, como en Catalunya, siempre ha habido una gran tradición por los toros.
Hace algo de tiempo, en Montcada i Reixac, hubo una plaza portátil instalada en La Ribera, por la voluntad popular de mucha gente, como la del querido Lucio, del barrio de la Font Pudenda, que con sus tractores, y transportado arena a la plaza, tanto contribuyó a ello. Particularmente, en Montcada i Reixac la tradición taurina ha dado uno de sus mejores toreros actuales: Serafín Marín. Montcadense, y del mismo barrio de La Ribera, me acuerdo cuando jovencito lo veía entrenándose ante un toro imaginario en el parque de les Aigües, y con su padre al lado. Tengo un recuerdo imborrable de aquellas escenas. Él quería ser matador y lo ha conseguido. Los recuerdos son entrañables y su estela llega hasta nosotros. Me emociona la visión de aquel jovén Serafín y Serafín padre entrenando y aprendiendo, esforzándose y superándose.
Entiendo, en cualquier caso, la postura de las asociaciones de defensa de los animales y admiro cómo han contribuido a determinadas causas a través de campañas como, por ejemplo, contra el abandono de perros, o proteger a las crías de focas de ser salvajemente matadas para abrigar a señoras de la Quinta Avenida. Pero, en el caso concreto de los toros, como ya he citado en alguna ocasión, creo que el Estado, las administraciones públicas, deben regular lo justo las manifestaciones culturales, populares o no. Y prohibir las menos posibles.
Soy taurino, me gustan los toros, defiendo su continuidad no por capricho, sino porque es una manifestación de nuestra cultura. De prohibir los toros se abrirá el coto a otras prohibiciones. Sino, al tiempo.
De seguir por ese camino el siguiente paso es prohibir o recatalogar la Semana Santa y la Navidad por ser fiestas cristianas, eliminándolas o convirtiéndolas en algo hueco, sin sentido, vacuo.
El debate de toros sí o toros no, tiene un calado más profundo de lo que muchos creen. Su prohibición sería el primer paso a otras prohibiciones culturales, minoritarias o no, a partir de que alguien con capacidad de influencia las acabe recatalogando, criminalizándolas, tachándolas de incorrectas o vulgares y engrosando la lista de cosas a prohibir, con la excusa de que atentan contra no se sabe qué, o por que no son un símbolo de no se qué esencias. ¡Toros si, gracias!

Soy taurino, ¿y qué? (1)



En democracia, la política no puede tener miedo. Mesura y cautela sí, pero miedo no. El Parlamento de Catalunya no debería haber votado en secreto la proposición que pretende que se prohíba o no las corridas de toros en Catalunya. El voto secreto no se ha utilizado para ninguna de las leyes importantes y no debería haberse utilizado en este caso. Pero ¿por qué ha sido así? Intentaré argumentar mi punto de vista sobre el tema.
Creo que cualquier cargo electo, como diputados y diputadas, o concejales y concejalas tienen la obligación de exhibir su opinión. Manifestar qué opinan sobre esto o aquello –en este caso sobre los toros–, y la ciudadanía conocerla. Quiero, en primer lugar, ser muy claro antes de continuar. Tal y como cito al principio: me gustan los toros y voy a intentar argumentar no el gusto por ello, que entra en un campo estético y ontológico, sino porque entiendo que, como manifestación cultural que es, merece ser tratado con total naturalidad. Abogo porque ni se protejan, ni se prohíban. Y que se respete tanto a la gente que lo denuncia como a los que los defienden. Y que no quien más ruido hace, más razón tiene. Creo que flaco favor haríamos a la cultura si los suprimimos. Evito extenderme en que es una manifestación cultural milenaria, tradicionalmente arraigada, anterior al mismo Estado o nación, y asociada a la fiesta popular. Pero vaya por delante que esto no es un invento de hace cuatro días ni un capricho snob o un gusto trasnochado de cuatro pueblerinos incultos.
Yo creo que la supresión de los toros es el primer paso a una homogenización sin precedentes en la historia de los gustos. Si prospera su prohibición, después de esto vendrá prohibir los correbous, los Sanfermines, comer ostras –recuenden que se comen crudas-, degollar y celebrar la fiesta del cordero –clave para la cultura árabe/musulmana, fumar, no ya en restaurantes o bares, sino en la calle o incluso en tu casa, las hogueras y los petardos de Sant Joan, por el riesgo de incendios, la matanza tradicional del gorrino, prohibir la exhibición de animales en circos –como muchos municipios han prohibido–, suprimir los zoológicos –por mantener a los animales en cautividad–, o la exhibición de delfines o focas haciendo acrobacias en parques acuáticos…. En definitiva, cualquier manifestación, minoritaria o no, que pueda representar un mínimo riesgo, una posible ofensa para alguien, o un trato que un sector catalogue de ofensivo o degradante para los animales. En este paroxismo inútil alguien podrá llegar a proponer que se llegue a penalizar la mirada al trasero de la señora o señor que pasa a tu vera, por lo ofensivo que le pueda resultar al propietario del culo.