dijous, 24 de desembre de 2009

Soy taurino, ¿y qué? (y 2)


El debate sobre toros si o toros no, es superficial. En el fondo, es anecdótico. El verdadero debate es sobre si el Estado debe regularlo todo o no. Yo creo que no. Y, siendo socialista, me considero liberal en este aspecto.
Mi gusto por los toros viene de lejos. Mi padre era un gran aficionado, como buena parte de mi familia y yo mismo. En toda España, como en Catalunya, siempre ha habido una gran tradición por los toros.
Hace algo de tiempo, en Montcada i Reixac, hubo una plaza portátil instalada en La Ribera, por la voluntad popular de mucha gente, como la del querido Lucio, del barrio de la Font Pudenda, que con sus tractores, y transportado arena a la plaza, tanto contribuyó a ello. Particularmente, en Montcada i Reixac la tradición taurina ha dado uno de sus mejores toreros actuales: Serafín Marín. Montcadense, y del mismo barrio de La Ribera, me acuerdo cuando jovencito lo veía entrenándose ante un toro imaginario en el parque de les Aigües, y con su padre al lado. Tengo un recuerdo imborrable de aquellas escenas. Él quería ser matador y lo ha conseguido. Los recuerdos son entrañables y su estela llega hasta nosotros. Me emociona la visión de aquel jovén Serafín y Serafín padre entrenando y aprendiendo, esforzándose y superándose.
Entiendo, en cualquier caso, la postura de las asociaciones de defensa de los animales y admiro cómo han contribuido a determinadas causas a través de campañas como, por ejemplo, contra el abandono de perros, o proteger a las crías de focas de ser salvajemente matadas para abrigar a señoras de la Quinta Avenida. Pero, en el caso concreto de los toros, como ya he citado en alguna ocasión, creo que el Estado, las administraciones públicas, deben regular lo justo las manifestaciones culturales, populares o no. Y prohibir las menos posibles.
Soy taurino, me gustan los toros, defiendo su continuidad no por capricho, sino porque es una manifestación de nuestra cultura. De prohibir los toros se abrirá el coto a otras prohibiciones. Sino, al tiempo.
De seguir por ese camino el siguiente paso es prohibir o recatalogar la Semana Santa y la Navidad por ser fiestas cristianas, eliminándolas o convirtiéndolas en algo hueco, sin sentido, vacuo.
El debate de toros sí o toros no, tiene un calado más profundo de lo que muchos creen. Su prohibición sería el primer paso a otras prohibiciones culturales, minoritarias o no, a partir de que alguien con capacidad de influencia las acabe recatalogando, criminalizándolas, tachándolas de incorrectas o vulgares y engrosando la lista de cosas a prohibir, con la excusa de que atentan contra no se sabe qué, o por que no son un símbolo de no se qué esencias. ¡Toros si, gracias!