dilluns, 20 de juny de 2011

Se hace camino al andar

En la vida, todo está en movimiento, nada es estable o inmóvil. Lo que hoy es nuevo y original, con el tiempo pierde esa cualidad y mañana deja de serlo. La materia se transforma con similar rapidez que las dinámicas humanas. La secuencia del tiempo nos recuerda nuestra posición en el espacio, y mi tiempo en la política activa concluye definitivamente.
Después de muchos años de intensa dedicación a la política, acaba un ciclo y vuelvo a mi anterior trabajo con ilusión, retomando mi profesión, de la que tan gratos recuerdos tengo: profesor de instituto. Me reincorporo con la satisfacción de haber dedicado los mejores años de mi vida a la lucha por mejorar nuestra ciudad, nuestra sociedad, después de haber creído en las posibilidades del PSC para convertirse en un referente político en Montcada y con la satisfacción de haber asumido la máxima responsabilidad política en el gobierno de la ciudad durante casi tres legislaturas.
Pero mi ciclo en la política institucional ha acabado. Dejo mi cargo en la Diputación de Barcelona y, después de haber sido 15 años concejal en Montcada, vuelvo a mi trabajo de profesor. Lo digo y lo hago con ilusión y orgullo, porque la política nunca ha sido mi trabajo. Ha sido mi dedicación temporal en esa hoja de servicios que, entre tantas manos, hemos escrito para nuestra ciudad y para el bien de nuestros ciudadanos.
No es el momento de lamentarse de los errores cometidos, ni vanagloriarse de los aciertos. Sólo de agradecer a los miles de ciudadanos la confianza que depositaron en las siglas de mi partido, y en mí. A todos ellos, a los miles de votantes, afiliados, simpatizantes, a todos mis vecinos y vecinas, amigos y amigas que me conocen, quiero, desde aquí, agradecerles su confianza.
La vida es un continuo aprendizaje, secuencia de etapas, metas volantes que configuran nuestro recorrido. Como decía Machado: Caminante, no hay camino/ se hace camino al andar/ Al andar se hace camino/ y al volver la vista atrás/ se ve la senda que nunca/ se ha de volver a pisar. En Montcada i Reixac hemos hecho camino entre todos. No hay camino previo sin la voluntad de trazarlo y compartirlo. Sólo se hace camino al andar.
Me voy satisfecho, con la cabeza alta, mirando directamente a los ojos a cualquier persona que me encuentre. Pido disculpas a todos aquellos que se han sentido ofendidos o heridos por mis acciones en el ejercicio de la política. Como alcalde, cuando detentas la máxima representación institucional, debes anteponer el interés general a los particularismos legítimos de los grupos, o de las personas. Gobernar es decidir y las decisiones provocan aplausos y quejas, apoyos y críticas. Es imposible contentar a todos, e ingenuo perseguirlo, y seguramente son muchos los que no han estado de acuerdo con mis dediciones. A todos ellos les pido comprensión y benevolencia en su juicio.
Cuando se cierran ciclos no deben quedar amarras sueltas, cosas pendientes, palabras no dichas, sensaciones de poder haber hecho algo más... Si decides cerrar el ciclo, debes asegurarte de estar en paz contigo, lo que no dijiste en su momento no tendrá el mismo impacto hoy, lo que no hiciste aquel día ya no tendrá sentido hoy. Es indispensable aceptar el pasado para entender y vivir en paz el presente y el futuro. De nada vale ahora arrepentirse de lo que no se hizo, o se hizo mal, o culpabilizar al contexto, o a otros, de la ineficacia o de los errores cometidos. La condición humana conlleva, irremediablemente, una tendencia a actuar, acertando algunas veces y equivocándonos otras. Confío en que lo aciertos hayan superados los errores.
No quiero dejar de hacer unas ligeras referencias a mi partido, el PSC. Como militante sé que tenemos ante nosotros un gran reto. Los resultados electorales nos han castigado duramente en los últimos comicios, nos encontramos a la defensiva, con una dirección política provisional y desorientada. Todo el mundo, todos los partidos, en algún momento u otro, ha pasado por este trance. Ahora nos ha tocado a nosotros y no podemos ni debemos abandonar. Son miles las personas que, con su voto, han confiado en nosotros y siguen haciéndolo. Sólo por ellas vale la pena seguir luchando para recuperar el protagonismo político que merece nuestras siglas. Siempre estaré dispuesto a ayudar cuando mis compañeros me lo pidan. Me voy, estoy en la reserva, pero no me jubilo. Sé que otra generación está asumiendo nuevas responsabilidades y desde aquí me pongo a disposición de aquellos que me necesiten.
Hay que cerrar ciclos cuando los contextos así lo sugieren. No hay que mitificar el pasado, ni ensalzar el futuro, tampoco deprimir el presente. Hay que actuar y hacerlo con humildad, cambiando lo necesario para mejorar lo suficiente. No hay que alargar artificialmente lo que ya no atrae. No hay que lamentarse ni victimizarse, porque ambas cosas nos paralizan. Pablo Coelho nos dice que, en situaciones de cambio, no hay nada mejor, ¡por muy doloroso que sea!, que destruir recuerdos, cambiar el entorno, el relato y las rutinas, porque todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar. En definitiva, fer foc nou!
Creo que hay que cambiar y hacerlo sin lamentos, sin el autochantaje emocional al que con frecuenta nos sometemos para autocomplacernos. Un fiel y buen amigo, discreto compañero de andadura y de profundas creencias religiosas, siempre me ha recordado que debemos hacer el bien sólo por la satisfacción del servicio a los demás, sin esperar nada a cambio, ni reconocimiento, ni reciprocidad, ni prebendas. Sólo así seremos más libres, porque, sólo olvidando lo que hemos sufrido para darnos a los demás, valoraremos la felicidad que hemos generado.
Tal vez cerrar ciclos se reduzca a entender y aceptar los tiempos. Y para ello lo primero es admitir la fluidez como un estado dinámico que nos permite cambiar de óptica, de perspectiva, para redescubrirnos y fortalecernos.
Me voy sin rencor. Vuelvo a mi trabajo con orgullo y con renovadas ilusiones. Empiezo de nuevo. Aún así, mi compromiso cívico con Montcada sigue intacto. Quiero mi ciudad y detesto las injusticias. Y nunca dejaré de hacer lo necesario para luchar contra ellas. Son muchas las personas que me han ayudado para llegar aquí, a todas ellas quiero agradecérselo. Vivo en paz el presente y el futuro. Suelto amarras y me despido con el verso de Antonio Machado.

Cantares

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

Antonio Machado, poeta
(Sevilla 1875-Collioure 1939)

dimecres, 8 de juny de 2011

Pactos de futuro (y 2)

Decíamos en la anterior reflexión que los pactos de gobierno deben ponderarse muy seriamente. Hay que reforzar el hábito de pensar estratégicamente y estimular a los que tienen pocas ganas de hacerlo, aquellos que se conforman con administrar simplemente los resultados, el corto plazo, porque los siguientes años serán decisivos. No hay que dejar de pensar en los diferentes niveles de gobierno, en las sinergias que se pueden abrir o cerrar, en las complicidades que se potencian o se pierden y en la experiencia y seriedad de las siglas que cada uno aporta.
En Montcada, para despejar la incógnita de con quién es mejor crear gobierno creo que resulta útil recuperar la memoria de la experiencia vivida cuando gobernamos con ICV-EUiA, y después en solitario con CiU. El balance de gobierno con uno y otro es bien diferente. Con ICV-EUiA la experiencia no funcionó. Con ellos, la ciudad no avanzó, se encontró arrinconada e inmóvil, a la defensiva, enzarzada en discusiones políticas estériles.
En los próximos años, con pocas mayorías absolutas, pocos recursos y mucha presión ciudadana, seremos más interdependientes que nunca y, en ese escenario, obtendrá mejores resultados aquel que esté mejor situado, aquel que mejor haya sabido tejer una malla de complicidades políticas y de sintonías positivas dentro y fuera del municipio.
Cuatro años de legislatura son muchos años y, para el bien de la ciudad, hay que pensar muy bien quién es la mejor pareja de baile. Forzar pactos entre partidos por supuestas afinidades ideológicas, sin más consideraciones que esas, es asumir muchos riesgos y más con aquellos con los que no tienes una buena experiencia de gobierno, y existe una gran desintonía en temas clave.
La gente quiere que el gato cace ratones, les importa poco si es de un color u otro, de ésta o aquella raza. Y un gato vegetariano y ecologista pocos ratones va a cazar. Hay que ser prácticos y apostar por pactos duraderos, fiables, y de futuro, por pactos que transmitan estabilidad a la ciudadanía y a las empresas, que faciliten las inversiones y la actividad económica, pactos que sean previsibles y seguros.
En tiempos de crisis, mudanzas las justas. En Montcada, un posible pacto con ICV-EUiA seria un suicidio político para el socialismo, y para los intereses de la ciudad. Cualquier pacto de gobierno con los antiguos comunistas no sólo laminará su credibilidad, sino que, previsiblemente, sentará las bases de una cierta decadencia electoral ante los desencuentros que provocará y el más que seguro estancamiento que sufrirá la ciudad a la hora de luchar por recursos, calidad de vida y proyección externa. Y lo digo por la experiencia vivida con unos y otros.

Las apuestas y los pactos se hacen con los ángeles, o con los demonios.
Paulo Coelho (Río de Janeiro, Brasil, 1947), escritor y dramaturgo.

dimarts, 7 de juny de 2011

Pactos de futuro (1)

Los pactos políticos para elegir alcalde o alcaldesa y crear gobierno, cuando nadie goza de mayoría suficiente, tienen características propias que vienen marcadas por la particularidad del lugar, y por el perfil de los diferentes líderes locales. No siempre se puede exportar mecánicamente las consignas políticas nacionales para gobernar con este y no con aquel, exceptuando a los partidos extremos y a los políticos racistas.
En el pacto hay que calibrar bien qué se pacta y con quién, medir lo que se pierde y lo que se gana, lo que se cede y reclama, pero, sobre todo, la estabilidad que reporta el pacto, lo previsible que puede resultar, la sintonía entre sus líderes, lo competente de sus miembros y las puertas que puede abrir o cerrar en otras administraciones. Un pacto debe asegurar, en definitiva, estabilidad, lealtad y fidelidad institucional, además de ser oportuno y conveniente.
En Montcada se barajan diversas posibilidades. ICV-EUiA, tras perder apoyo electoral en las pasadas elecciones, se está arrimando como nunca con la esperanza de entrar, a cualquier precio, en el gobierno municipal. CiU, después de obtener sus mejores resultados en unas municipales, es presentada por muchos como un aliado sólido y valioso con el que reeditar el pacto de gobierno. Sumando, además, el aval de su experiencia en el gobierno municipal en las últimas legislaturas, y la posición estratégica que tienen los convergentes en la Generalitat de Catalunya, y la que tendrán en la Diputación de Barcelona y en el Área metropolitana de Barcelona
El PSC sólo tiene dos opciones reales: o bien aliarse con ICV-EUiA, o con CiU. Ninguna de las dos opciones resulta óptima para los socialistas, y más después de haber perdido fuerza electoral y precisar apoyos para investir a la futura alcaldesa. Pero sólo hay una decisión posible para que ganen los intereses genéricos de la ciudad. La decisión última debe responder a la pregunta cuál de las dos opciones es más capaz de sumar esfuerzos y recursos, además de experiencia, seriedad, rigor y conectividad con otras administraciones. Para mí está claro, pero no me corresponde decidirlo.
Que nadie se engañe. Hay que pactar mirando los resultados electorales, los programas y la sintonía política de sus líderes, porque los electores son los que deciden que alcalde o alcaldesa tiene la confianza de la mayoría y a quien castigan y premian en su apoyo electoral. Dentro de la normalidad, aquellos que obtienen más concejales, y los que ganan un renovado apoyo en las urnas, deben ser los primeros en ser considerados para crear gobierno. Nos guste o no nos guste, la gente es lo que espera y por lo que ha votado.

dissabte, 28 de maig de 2011

El ciclo político

El PSC de Montcada ha sido el verdadero vencedor de las pasadas elecciones municipales en la ciudad. Se mire por donde se mire, no hay peros posibles. La legitimidad de las siglas está fuera de duda. Lo más urgente ya está solucionado: constatar que, con los pactos políticos correspondientes, los votantes continúan confiando en la propuesta socialista. Una excelente noticia. Pero queda lo importante: debatir en clave de partido, y de futuro, los escenarios a medio y largo plazo a partir de los resultados obtenidos.
Los ciclos económicos guardan un gran paralelismo con los ciclos políticos: desarrollo, auge, y declive son etapas que se suceden, interrumpida y sistemáticamente, de forma periódica. No hay que olvidar esta ley. Muchas siglas y muchos políticos, de aquí y de fuera, han experimentado una y otra vez esa secuencia de etapas. Pasó, por poner un ejemplo, con Felipe González, Margaret Thatcher o Jordi Pujol en Catalunya. Siempre sucede inexorablemente lo mismo. La diferencia entre un ciclo político corto con uno largo es la habilidad de gestionar los tempos, los relevos en el liderazgo, las adaptaciones a las nuevas realidades, la capacidad de reinventarse, de conectar con las nuevas situaciones, con los nuevos y viejos votantes, con las necesidades cambiantes de la sociedad. Los socialistas de Montcada debemos tenerlo muy presente, recordarlo y sacar conclusiones.
Ahora, más que nunca, consagrado el nuevo relevo generacional, debe darse un paso más: adaptarnos a los nuevos tiempos, reinventar el discurso, el relato, las conectividades, la proximidad a la gente, a las nuevas demandas, a las nuevas realidades. Y hacerlo de cara y con valentía.
En el socialismo de Montcada no sobra nadie. En momentos como los actuales, todo el mundo cuenta para debatir los resultados de las elecciones del pasado domingo 22 de mayo.
Cuando miro los resultados electorales llego a una conclusión muy evidente. En Montcada, existe un espacio de centro izquierda que viene quedando huérfano desde los últimos comicios. Ciudadanos que no votan, que se han alejado de las siglas PSC, pero que, en su gran mayoría, no se han ido en masa a otras. La abstención nos ha vuelto a castigar.
Los socialistas, y me pongo como ejemplo, debemos asumir la responsabilidad de no haber sabido activar ese votante que confía en la marca, pero que, por distintos motivos, no moviliza su voto hacia nosotros. Debemos ser capaces de realizar una autocrítica a partir de los resultados que hemos venido obteniendo desde los últimos años.
Ha llegado el momento de enfrentarnos con valentía a temas que el centro derecha ha tratado sin temor: la inmigración, la inseguridad o el hecho identitario, entre otros. La gente de la calle detesta los debates ideológicos, quiere soluciones, quiere personas en las que confiar.
Los socialistas de Montcada, deben poner a punto el proyecto, pensando no sólo en administrar recursos y presupuestos, sino en adaptarlo a las nuevas realidades de una demografía diferente, y con una pirámide de edades y de preferencias políticas bien distinta a la de los años ochenta y noventa. Debe abrirse un debate de sincera autocrítica que siente las bases para prestigiar aún más aún la marca socialista.
Debemos pensar más hacia dónde queremos dirigirnos, y qué podemos aportar, que no de dónde venimos y la lista de agravios y de desencuentros que hemos sufrido. Ha llegado el momento de compactar más que nunca a la familia socialista de la ciudad. Creo que nuestro análisis debe dejar de estar centrado en lo micro, en lo más inmediato, y pasar a un análisis de mayor alcance. Es decir, pensar qué debemos hacer para adaptarnos a los nuevos tiempos y a las nuevas realidades, y cómo poner a punto el proyecto. Y hacerlo sin neuras, de forma humilde y generosa.
Hace poco comentaba con un gran amigo mío que, a principios de los años noventa del pasado siglo, los socialistas italianos no supieron adaptarse a las nuevas realidades de su país y al cabo de poco, simple y llanamente, desaparecieron de mapa político italiano. El PSI se hundió entre luchas internas mientra que los partidos de derecha y de extrema izquierda se frotaban las manos, estos últimos de forma ingenua. Algo similar a lo que ha sucedido aquí con el socialismo valenciano y el madrileño. Joan Lerma en Valencia, y Joaquín Leguina en la comunidad de Madrid, gobernaron hasta 1995. Desde entonces, (¡y ya han pasado 16 años!) por la incapacidad de muchos y por la habilidad de otros, los socialitas no remontan el vuelo.
La derecha siempre ha tenido menos reparos en reinventarse, y generar nuevos relatos, y han obtenido mejores resultados. La capacidad para adaptarnos y readaptarnos a los nuevos contextos es una de las claves que explican mejor la longitud de los ciclos políticos. Que el proceso sea más largo o más corto dependerá de la capacidad de adaptarnos a los nuevos tiempos. Los ciclos políticos son inexorables.

La democracia es la transposición de lo cuantitativo a lo cualitativo:
que lo que quieren los más se convierta en lo mejor.
Enrique Tierno Galván (1918-1986), político y profesor.

dilluns, 16 de maig de 2011

Reacciona (y actúa)

Reacciona es el título de un libro compilatorio, prologado por Stéphane Hessel, y con la colaboración de destacados intelectuales, como José Luis Sampedro, Federico Mayor Zaragoza o Baltasar Garzón, que ha sido numero uno de ventas recientemente en España. Su titulo me parece muy ilustrativo en el marco de las elecciones del próximo 22 de mayo.
Estas elecciones son, posiblemente, las elecciones municipales más trascendentes de las últimas décadas. Está en juego el modelo de paradigma político y económico que las sociedades se impondrán. Por un lado, están los planteamientos liberales y neoliberales de los partidos de la derecha que, con argumentos financieros de todo tipo, muchos irreprochables, justifican recortes habidos y por haber, apelan al sentido de responsabilidad individual y, con la bandera del cambio, hondean esperanza y parabienes para todo el mundo. Por otro lado, está las propuestas de la izquierda que, como los socialistas, no queremos vivir en una sociedad de mercado, donde todo tiene un precio en vez de considerarse su valor. Donde todo es mercancía y las desigualdades son, cuando menos, inevitables. Como viejo socialistas que soy, no quiero que en el sistema político mande el capital, no quiero una democracia nominal, ni que los argumentos financieros estén por encima de los políticos. Quiero que el hombre, la mujer, el ser humano, en definitiva, sea la medida de todas las cosas, no el mercado, ni el dinero.
Hace escasos días se celebraron en distintas ciudades españolas manifestaciones que concentraron ciudadanos a través de las redes sociales, promovidas por la plataforma ¡Democracia Real Ya! Miles de personas indignadas tomaron la calle, exigiendo un cambio de rumbo y un futuro digno. Protestaron en nombre de desempleados, mal remunerados, subcontratos en precario e hipotecados de por vida. También contra determinado estilo de la clase política, de los partidos y de los políticos. Todo el mundo tiene que tomar nota de ello.
No hay duda que hay mucha gente muy harta, que no se conforma con quedarse en casa. Es tiempo de acción. No podemos permanecer con los brazos cruzados, dando por inevitable el nuevo giro de la historia. La derecha, y todos sus grupos de presión y partidos políticos que comulgan con ella, da por hecho, e inevitable, que el mercado es la vara de medir de nuestra sociedad, que los bancos, las instituciones financieras y el capital es el máximo exponente de nuestra realidad. Y si no tienes trabajo, te aguantas; si estás explotado, también; si no te pueden operar porque no tienes mutua privada, ese es tu problema; y si la pensión de jubilación no te llega, ves al maestro armero.
Los socialitas creemos que otro mundo es posible. Todo dependerá de nuestra reacción, de cómo la sociedad, las personas, actuemos.
El 22 de mayo, nadie puede quedarse en casa con lo brazos cruzados. Hay que participar políticamente, hay que votar para que lo que muchos nos presentan como inevitable: el triunfo de los partidos de derechas, que ya conocemos por sus prácticas, no llegue a ser realidad. Hay que evitar el fatalismo y la resignación que nos inculcan. El desasosiego, el pensar que no vale la pena hacer nada, porque somos insignificantes. El voto de una persona de Can Sant Joan, de Can Pomada, de La Ribera o del Bosc d’en Vilaró vale tanto como el del presidente del Banco de Santander, y no hay duda que este último lo ejercerá para defender sus intereses, nosotros debemos hacer lo mismo para defender los nuestros. El 22 de mayo, ¡reacciona y actúa!