divendres, 26 de novembre de 2010

Votar con ilusión y entusiasmo

La democracia no funciona automáticamente. Necesita la participación, la ilusión y el entusiasmo de la comunidad política a la que sirve. La derecha, los poderes fácticos y grupos financieros saben, aceptan y celebran que la democracia funciona razonablemente bien sobre la base de la apatía y el desinterés, siempre que los ciudadanos cumplan un mínimo papel en el juego. Desde la izquierda no nos conformarnos con el funcionamiento automático del sistema.
Por un lado, es cierto que la democracia es un sistema de gobierno que permite a los ciudadanos desinteresarse de la política sin correr riesgos, pero, por otro lado, el desinterés de la política hace que la política, que los propios partidos políticos, tiendan a alejarse de la población y encerrarse en si mismos.
Reclamar más participación política e implicación de la ciudadanía en los asuntos públicos parece una plegaria en el desierto, pero resulta necesario. La sociedad se está convirtiendo en una consumidora política, ahorrándose los costes de su implicación. El problema reside en las capas sociales más bajas, en los sectores más modestos y en los que se automarginan de la política, y de la sociedad, porque consideran que los ciudadanos tienen poca influencia, poco control sobre los políticos, con una percepción de autoinsignificancia política. ¿Para qué implicarse si no sirve para nada? Esta es la pregunta que se formulan muchas personas que no confían en sus posibilidades, en su voto. Personas que no “existen”, sino solo en las encuestas, porque no son “representadas” por nadie. Los partidos de izquierdas, la socialdemocracia europea, los partidos socialistas y otros de la izquierda democrática, son los que más han acusado esta falta de implicación ciudadana.
Desde aquí, desde este modesto rincón quiero volver a decir que no es cierto que implicarse no sirva para nada, que un voto cuenta poco y que el sistema democrático actúa automáticamente. Creerse esto es permitir que otros voten o decidan por nosotros, por nuestros intereses, pero ¡ojo! esto no garantiza que lo hagan con el mismo celo que defienden los suyos.
Como decía hace muy poco Carmen Chacón en un miting, hay que votar con ilusión y entusiasmo, (yo agregaría) y hacerlo a favor de la opción que mejor creamos oportuna. No hay que quedarse en casa y esperar a ver los resultados de las votaciones por la televisión. Hay que formar parte de una comunidad política que organiza y distribuye los recursos que generamos entre todos y todas, y hay que hacerlo participando activamente y votando libremente.