diumenge, 21 de novembre de 2010

El País Vasco y la regla de medir (y 2)

Parece que la posibilidad de una paz duradera en el País Vasco no interesa a todos. Muchos medios de comunicación, y determinados partidos políticos, que, no lo olvidemos, son asociaciones privadas que viven de captar y mantener la atención de lectores y votantes, parece que han activado el megáfono para opinar bien alto y mucho más que las propias partes en todo el proceso político en el País Vasco.
Hay una cierta actitud mezquina de determinados medios y partidos políticos ante los comunicados de ETA y los movimientos del mundo abertzale. A veces me da la sensación que, bajo la capa de la libertad de opinión, actúan como si el fin de la violencia fuese un verdadero problema para muchos. Parece ser como si el anuncio del cese de la actividad armada fuese poco menos que una mala noticia. Algunos datos: el diario El País cataloga como insuficiente el alto el fuego, el PP anuncia a los cuatro vientos que sólo acepta el abandono definitivo de las armas, La Razón que es otra trampa de ETA y que el gobierno de Patxi López es, como poco, iluso, y ABC se despacha a gusto con toda una letanía de adjetivos malintencionados, indicando no solo la falta de capacidad del gobierno vasco, sino el callejón sin salida al que se dirige y la encerrona que se les viene encima. Ni unos ni otros, más allá, de mínimas citas colaterales de unos pocos, manifiestan una ligera duda positiva, esperanzada, o de relativo y razonable optimismo sobre lo que está pasando en el País Vasco.
¡Pero vamos a ver señores (y señoras)! ¿Alguien en su sano juicio es capaz de creer que un coche es capaz de pasar de 120 kms. por hora a cero en un segundo, o en dos, o en tres? ¿Alguien cree que la economía crece o de desinfla de un día para otro? ¿Alguna persona con dos dedos de frente considera que si uno quiere engordar o adelgazar lo puede conseguir de hoy para mañana? Y siguiendo con éste último caso, ¿ustedes se imaginan que esa persona que quiere adelgazar, o dejar de fumar, una vez manifestada esa voluntad, todo el mundo se le echara encima dudando de sus intenciones, desconfiando de ella, pensando que esconde una actitud malévola, o simplemente catalogarla de mentirosa e incapaz de conseguirlo? Con ese cuadro, las dificultades se duplican y será necesario más sacrifico, fuerza de voluntad y disciplina. Y si la voluntad es baja y la adicción es alta, como lo es el tabaco o la ingesta calórica, estás tentado de dejarlo correr.
No hay duda que en un ambiente adverso todo es más difícil. Y en el caso del País Vasco, en un contexto así. reaparecen los halcones que, desde la derecha y desde la izquierda, susurran a unos y otros para que lo echen todo a rodar y cada uno siga a lo suyo.
Hay que perseverar con la cautela precisa, con visión panorámica, con perspectiva de Estado y de país, con la prevención necesaria, pero también con la valentía de hacerlo, sin temeridad, con amplitud de miras, buscando las coincidencias y agrandándolas. Lo primero es ganar la confianza de compartir la regla que, como decía en el artículo anterior, aunque poco útil es necesario para el entendimiento. La vieja regla de medir debe adaptarse a los nuevos tiempos, y hacerlo conjuntamente. Ni con un forzado pesimismo o a desgana, ni con un iluso optimismo eufórico, sino con templanza. Jesús Eguiguren nos dice que hay que ser realistas, ni más, ni menos. Coincido con él y con muchos que como él creen en la voluntad de poder dar un paso hacia adelante, y hacerlo con el convencimiento de que es lo adecuado.