dimarts, 2 de novembre de 2010

Los equipos (y 2)

Decía en la reflexión anterior que el carácter de los equipos no se forma por la estética de sus componentes, sino por su ética, por el convencimiento de formar parte de algo importante, de saberse depositarios de un compromiso con el resto de miembros, y con la colectividad de la que forman parte, por un compromiso de servicio. Poco tiene que ver la juventud o la vejez de sus miembros, su altura o peso, la procedencia de cada uno de ellos, o su formación como clave del éxito. Lo que realmente determina no son sólo caras nuevas –o viejas– , sino líderes visionarios capaces y convencidos de su misión, implicados, que atraen adhesiones y conquistan ilusiones, que compactan y crean equipos motivados y convencidos. La roja de del Bosque, y antes de Aragonés, era eso y sigue siéndolo aún. En otros tiempos, y en contextos difíciles, Winston Churchill o Charles De Gaulle fueron los verdaderos artífices de grandes cambios, el Felipe González de Suresnes, también. Así como el recientemente malogrado Marcelino Camacho o Labordeta que, en diferente escala, han dejado una marcada huella en nuestra reciente histórica.
Digo todo esto porque, en unas recientes declaraciones, el nuevo secretario de organización del PSOE, Marcelino Iglesias, destacaba que lo que la sociedad reclama es seguridad. Y estoy de acuerdo. O lo que es lo mismo, hay que apartar debates estéticos y estériles. Necesitamos gente que sea capaz y esté implicada, entrenada y experimentada. El nuevo gobierno de Zapatero es una muestra clara de una apuesta por reforzar el flanco político más que no otro. Reforzar la experiencia de hombres como Rubalcaba, Ramón Jáuregui y otros grandes activos del socialismo español es apostar por la inteligencia, compensado las responsabilidades políticas de los más jóvenes con la de los veteranos. Felipe González no ha dejado nunca de ser un referente para el socialismo nacional e internacional. Su figura y sus aportaciones son reconocidas y respetadas internacionalmente. Sus opiniones y puntos de vistas son más validos que nunca. Todo el mundo debe contar cuando se trata de empujar en la misma dirección. Ciertamente, la sabiduría y la humildad no es patrimonio de nadie, pero se afianza con el paso del tiempo.
Líder es el que suma y multiplica adhesiones, no el que resta o divide apoyos. Líder es el que comparte los éxitos, como hizo del Bosque con Luís Aragonés en la entrega de premios, y el que asume personalmente los fracasos salvaguardado al equipo. No el que monopoliza los éxitos de los demás y se desentiende de los propios errores.
Como decían los versos de Eliot, la única sabiduría que podemos esperar adquirir es la de la humildad. La humildad es interminable, pero el tiempo es finito.