dimarts, 28 de juliol del 2009

Tenemos una deuda con nuestros mayores

Hace poco tuve el placer de visitar a un grupo de personas mayores de Montcada i Reixac que estaban realizando uno de los ocho viajes que este año organiza nuestro ayuntamiento para personas jubiladas de la ciudad. El encuentro que tuvimos fue muy grato. Nunca deja de sorprenderme el grado de cordialidad y proximidad de la gente mayor. De ellos hay mucho que aprender. La generación de personas que tienen entorno a los setenta años, los que nacieron en los años treinta y cuarenta del pasado siglo, es la que a veces he llamado generación bisagra. Sobre ellos recayó el peso y la responsabilidad de levantar el país en momentos económicos y políticos muy duros. Es una generación que forjó la construcción del país, que sentó sus pilares, que contribuyó como ninguna otra a que la puerta del desarrollo se abriese definitivamente en España, pero que, en cambio, no ha podido sino hasta hace bien poco, y no en todos lo casos, recoger las mieses del esfuerzo de toda una vida. Las estadísticas son muy claras: la pobreza castiga, particularmente, a las personas mayores, sobre todo a mujeres y viudas. Este colectivo, el de la mujeres mayores que dedicaron toda su vida al cuidado de la familia, ha sido el más ingratamente tratado por nuestra sociedad. Al llegar a la jubilación, los ingresos que reciben unos y otros no son siempre suficientes para un nivel de vida digno. Las administraciones tenemos un grado de responsabilidad en todo esto. Es preciso ir aumentando progresivamente las pensiones de jubilación y viudez e ir contribuyendo a que la presentación de determinados servicios a precios subvencionados contribuya a dignificar la vida de nuestros mayores. El Ayuntamiento de Montcada i Reixac lo ha entendido así desde hace tiempo y ofrece precios subvencionados para toda una serie de servicios municipales dirigidos a la gente mayor de la ciudad, como son los accesos a la piscina Montcada Aqua, inscripciones a cursos y talleres que se organizan des de el Ayuntamiento o, recientemente, el programa de viajes para la gente mayor de Montcada, sin dejar de mencionar la llamada tarjeta rosa de transporte.
Estoy muy satisfecho de la respuesta ciudadana que recibimos de la oferta de viajes para la gente mayor. Los propios beneficiados de este programa coinciden en que es una buena iniciativa y que contribuye muy positivamente al aumento de la autoestima de toda una generación que ha dedicado toda su vida a trabajar. Viajar es romper las rutinas, compartir experiencias, observar paisajes, conocer personas. Francamente, creo que es muy conveniente que nuestros mayores puedan romper esa rutina diaria y familiar, salgan y se diviertan compartiendo esos días de vacaciones.
Personalmente, más que políticamente, me duele mucho que ERC de Montcada i Reixac se oponga a la iniciativa del ayuntamiento de ofrecer viajes a nuestros mayores a precios reducidos. No acabo de comprender cómo un partido que se autodenomina de izquierdas puede oponerse a una medida como esta, que lo que pretende es contribuir al bienestar de las personas mayores de nuestra ciudad, sobre todo de aquellas con recursos limitados.
Todas las sociedades tienen una deuda con sus mayores, en el caso de España esa deuda es doble por la difícil situación económica y política a la que tuvieron que enfrentarse. Nuestro reconocimiento a ellos y ellas debe ser absoluto y sin fisuras. No hay duda que sin ellos ni ellas, nosotros no estaríamos aquí. Todos tenemos una deuda permanente con las generaciones que no han precedido. No lo olvidemos, reconozcámoslo y seamos agradecidos.

dijous, 23 de juliol del 2009

El valor de la cultura (y 2)

En el artículo anterior hablaba de que aplicar estrictos criterios financiaros para valorar la viabilidad de los productos culturales es perverso y provoca externalidades negativas. Me extenderá ahora en esta idea.
¿Podemos aplicar el estricto criterio financiero para la construcción o no y mantenimiento de un centro cultural? Veamos un ejemplo. Pongamos el caso del complejo Montcada Aqua. Como sabemos, cuenta con una fabulosa biblioteca y estamos acabando de construir un funcional teatro. Yo considero que si utilizásemos el criterio de la racionalidad financiera estos equipamientos no se construirían nunca –porque son caros construirlos y caros mantenerlos– y, por tanto, nunca podríamos ofrecer a la ciudadanía estos servicios. Ante esta ausencia, deberíamos salir de la ciudad para proveernos de ellos, y convertiríamos ciudades como la nuestra en dormitorios o grandes supermercados. Por decirlo de forma muy resumida, los que pierden en todos estos casos son las personas con menos recursos, las más modestas, las que, por decirlo de una forma sencilla, no tienen en su casa una buena biblioteca de libros, hábitos culturales arraigados o vehículo y recursos para desplazarse fuera de la ciudad y proveerse de ellos.
Lo diré de forma mucho más contundente, si aplicamos el criterio financiero, nunca hubiese existido una ley de normalización lingüista del catalán. Y todo el mundo considera que es bueno que exista y es bueno que se exija su conocimiento para proteger una lengua minoritaria y en desventaja como es el catalán, el gallego o el euskera. Yo creo que no todo se resume en el balance económico de resultados. El amor por la cultura, por su protección y promoción en el amplio sentido de la palabra, la sensibilidad de disfrutar de una lectura o una obra de teatro, o la satisfacción de ver a nuestros hijos e hijas concentrados ante un libro en una buena biblioteca pública nos debe enorgullecer a todos.
La cultura nos interesa, nos importa y debemos seguir invirtiendo en ella, aunque sea deficitaria. Los máximos destinatarios, los únicos destinatarios, somos nosotros mismos. Cuando en algún pleno municipal he oído críticas de que el ayuntamiento se gasta mucho dinero en equipamientos culturales, en el fondo me provoca una gran satisfacción, a la vez que lamento que esas voces sean insensibles a la necesidad de seguir haciéndelo así. En alguna ocasión también he oído decir que celebrar elecciones cada dos por tres –elecciones municipales, autonómicas, estatales o europeas– es un gasto espectacular. Yo respondo que la democracia es una inversión y es cara, financieramente hablando, y que lo barato es la dictadura porque te ahorras todo eso.
Un último consejo: desconfiemos de aquellos que ante un equipamiento cultural ya sea una biblioteca, teatro, auditorio o ante un espectáculo público critican que se están malgastado dinero.
Como decía al principio, invertir en cultura no es un gasto, es una inversión. La cultura es un valor en si mismo y debemos procurar proveerla, y ponerla al alcance de todos. Todo el mundo tiene derecho al acceso a la cultura, al conocimiento y a los servicios y equipamientos culturales necesarios para su desarrollo personal. La cultura debe ser accesible, si no recordemos qué pasaba cuando no ha sido así.

El valor de la cultura (1)

Hace escasos días Sergi Belbel, director del Teatre Nacional de Catalunya desde 2005, rendía cuentas de la temporada de teatro. Evito los detalles pero el resumen se ciñe a que, pese a la situación económica, seguir apostando por el teatro público, por el teatro en catalán y por lo nuevos formatos de teatro, aunque minoritarios, será la línea estratégica que continuará. Ante la crítica sobre lo costoso que resulta mantener con fondos públicos un teatro como el Nacional, que es deficitario, la respuesta debe centrarse en que la cultura es una apuesta de país, no un lujo y como tal se debe proveer y ofrecerse al público. A raíz de estas opiniones quisiera hacer una reflexión.
Invertir en cultura no es un gasto, es una inversión. La cultura es un valor, no un coste. Para decirlo de forma más sencilla, invertir en cultura es invertir en futuro. La cultura tiene un efecto positivo y multiplicador sobre las personas, sobre el desarrollo social, sobre la misma economía. Cualquier individuo, colectivo o sociedad con visión de futuro y que tenga afán de superarse, lo primero que hace es reconocer su entorno, aprender, invertir en cultura, en escuelas, en universidades, en equipamientos culturales que creen conocimiento y que lo transmitan a las generaciones posteriores. En definitiva, las sociedades con visión ofrecen posibilidades de desarrollo a todos sus miembros, a los niños y a las niñas, a los jóvenes y a la gente mayor, herramientas e instrumentos que le permitan desarrollarse plenamente en su entorno. Y todo ello genera un despliegue exponencial.
Pondré otro ejemplo ¿es positivo gastar dinero en el Gran Teatro del Liceo, siendo, como es, financieramente deficitario –aunque cada año menos que el anterior–? Unos dirán que lo que no es rentable no puede sostenerse y, por tanto, o bien que no se mantenga o bien que el precio de las localidades reproduzca el precio real del espectáculo, excluidas las subvenciones públicas. Este razonamiento, financieramente hablando, es impecable, eso sí con unos efectos secundarios muy concretos. De entrada se conseguirá que la cartelera sea limitada, a gusto de unos pocos, y también se conseguirá que los de siempre sigan yendo, la clase alta, pero a los que les gusta o puede llegar a gustarle, pero no tienen precios subvencionados, nunca irán por que no se lo podrán permitir. Volveremos, por decirlo de alguna manera, al Liceo del siglo XIX, donde solo iban los pudientes. En definitiva, el resultado sería una cultura al acceso de unos pocos y que margina a muchos. Las universidades, hasta hace pocas décadas, eran así, los colegios también. ¿Es esto lo que queremos, lo que nos interesa, lo mejor para todos?

dimarts, 21 de juliol del 2009

La ley de centros de culto: una buena ley

Hace escasos días, el Parlamento de Catalunya ha aprobado la ley de centros de culto. La nueva ley busca un equilibrio razonable entre el derecho al culto de cualquier religión, los intereses legítimos de los municipios y las necesidades de asegurar una ordenación urbanística conveniente que permita una mínima regulación de medidas de seguridad e higiene.
Hasta ahora, los temas de los oratorios, mezquitas u otros locales de plegaria estaban regulados de forma irregular, a menudo arbitraria. Era tal el vacío legal que se aplicaba la ley de policía de espectáculos o la medioambiental, cuando rezar no es ni un espectáculo ni una actividad nociva o peligrosa. La ley prevé que los planes de ordenación urbanística municipal establezcan suelo con calificación de equipamientos comunitarios incluidos los usos de carácter religioso.
Esta ley es una buena ley, porque permite a cada municipio diseñar sus planes de ordenación urbanística, valorando las propias necesidades y demandas. De lo que se trata es de conciliar los intereses legítimos de todas las partes: creyentes, confesiones religiosas, vecinos y vecinas e interés general.
La nueva ley no lo regula todo, el futuro reglamento establecerá las condiciones de seguridad, salubridad, accesibilidad, protección acústica, y aforo para evitar molestias a terceros.
Es la primera ley de nuestro entorno estatal y europeo que asume el reto de gobernar la realidad actual de la pluralidad religiosa. Montserrat Coll, la directora de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Catalunya, y verdadera artífice de la ley, lo ha manifestado de forma muy clara. Catalunya no tiene grandes conflictos de convivencia religiosa y tiene un nivel de diálogo interreligioso que no se da en otros lugares. La nueva ley contribuye a reforzar esta línea de diálogo y convivencia desde la laicidad, como espacio de respecto y de libertad de creencias y de pensamiento.
No deja de ser significativo que sea un Gobierno de izquierdas el que reconozca los valores de las religiones desde la libertad. Debemos compartir los espacios de encuentro, con el respecto a las creencias personales, y con la protección del bien común.

dijous, 16 de juliol del 2009

Qui no comunica, no existeix

Recentment hem celebrat a Montcada i Reixac un seminari sobre comunicació en els plans estratègics. Com alcalde de la ciutat estic molt satisfet que l’Oficina Tècnica d’Estratègies de Desenvolupament Econòmic, de la Diputació de Barcelona hagi triat Montcada i Reixac per a celebrar aquesta trobada, i agrair a Teo Romero, president delegat de l’Àrea de Desenvolupament Econòmic de la Diputació de Barcelona la seva iniciativa.
El nostre pla estratègic és un bon referent a tota Catalunya i ens enorgulleix acollir una sessió de treball com la que varem celebrar. La ponència marc la va presentar Toni Puig un veterà comunicador, professor d’ESADE i consultor de molts ajuntaments de Catalunya i d’arreu del món. M’agradaria destacar alguna de les idees que es van presentar. El ponent va insistir en que la xarxa d’equipaments municipals són la cara visible de l’Ajuntament en la relació amb la ciutadania , i que la millor forma de comunicar és tenir molta cura d’ella, que estiguin en bones condicions i amb una oferta impecable de serveis. Tanmateix , a l’hora de comunicar, les Corporacions local no poden deixar de banda als treballadors i treballadores municipals. Han de conèixer la visió i la missió de l’equip de govern i implicar-los. En definitiva, comunicar a l’organització el que es fa i el sentit de les actuacions. Toni Puig va insistir en la conveniència de que la ciutadania tingui coneixement de tot un catàleg de serveis que ofereix el municipi, amb un format atractiu, allunyant-se de la tradicional llista de serveis, i apropant-se a un format tipus “menú”, a disposició del ciutadà o ciutadana. A l’hora de parlar del lideratge, es va insistir molt en la necessitat d’un lideratge emocional. Es tracta d’explicar el que fem, però amb una implicació afectiva. Una de les idees clau que va presentar el professor d’ESADE és que la tendència és que hi ha un retorn a l 'esfera pública i que cal informar, però sobretot ser capaços de generar confiança mútua. A l’hora de parlar de la política de comunicació, les administracions han de comprendre que comunicar és una inversió, no una despesa, i que no la podem deixar pel final.
Les darreres tendències en comunicació pública ens parlen de que “l’elaboració del relat” acaba sent una peça fonamental de discurs públic. Les administracions han de saber explicar, amb el llenguatge més planer possible, el que s’està fent, presentant-lo com una narració de fets encadenats i amb visibilitat emocional. En definitiva s’han d’explicar les coses en un llenguatge planer, transmetent valors compartits i informant a través de multicanals de les accions dutes a termes i les que es duran.
Com a reflexió final Toni Puig, va venir a dir que l’equip de comunicació ha d’estar compost de professionals de primer nivell. Amb un símil futbolístic va dir “Les administracions hauríem de tenir una espècie de Guardiola, que dinamitzi l’equip tècnic. Guardiola ha canviat el Barça, però no és de la junta directiva, ni el president. Ha sabut transmetre confiança i compactar equip”.
Més allà d’aquestes aportacions, des de Montcada i Reixac, estem molt contents d’acollir sessions de treball com la descrita. Valorem molt positivament aquest tipus d’iniciatives que el que pretenen és ampliar i reforçar la xarxa d’intercanvis i experiències entre els municipis de la província de Barcelona amb plans estratègics. No hi cap dubte que qui no comunica, no existeix.