Cuando se viaja en transporte público, ya sea en metro o en tren, se observa que encima de las puertas, expuesto en el exterior, hay un letrero que dice algo parecido a Dejen salir. Esta indicación es un llamamiento al orden. Que los pasajeros que pretenden subir se esperen a que los que quieren apearse lo hagan. Los del andén esperan su turno, pacientemente, a que llegue el tren, se pare, bajen los que deben hacerlo y suban los demás. Ésta es la única secuencia posible. Sin orden, el caos está servido y solo primaría la ley del más fuerte, del matón, del más violento, e insensible a los demás. La vida en sociedad se organiza a través de parámetros parecidos.
La democracia representativa también funciona más o menos así. Cada determinado tiempo, el tren se para en una estación (las elecciones), donde de cada vagón salen unos (los políticos que pierden o renuncian a continuar) y suben otros (los que ganan). Generalmente nadie puede modificar esa dinámica antes de tiempo. No hay paradas entre estaciones, ni desviaciones como pretendía Tejero, con la intentona de golpe de estado, o como hacían los comunistas y fascistas que no permitían que nadie saliese o entrase del tren.
En las democracias, si alguien no cumple las mínimas normas, acude el revisor (la ley), el jefe de estación (la policía), o el servicio de seguridad (los jueces o magistrados) para retener al que no se comporta (un corrupto, o violento) o poner orden en el interior de los vagones. También están los casos de los políticos que, por motivos de todo tipo, dimiten para facilitar el relevo a otros. En suma, y grosso modo, la dinámica del tren ilustra lo que es la política democrática.
Hay que recordar esto porque en los últimos tiempos estamos asistiendo a una cruzada mediática que transmite a la opinión pública que los que van a bajar en la siguiente estación ya están condenados previamente, y éste es el Partido Socialista. Diversos grupos de comunicación, a través de la prensa escrita, radios y soportes digitales de todo tipo, no dejan pasar la oportunidad de condenar a los socialistas, se llamen como se llamen, tengan el cargo que tengan, y hagan lo que hagan. Tal y como sucede con la cadena Fox en Estados Unidos que no deja pasar una a Obama,
Estamos asistiendo a una campaña orquestada que se ensaña con el socialismo, convirtiéndolo en culpable de todas las desgracias, y que antes de jugar el partido (las elecciones), se les da como perdedores para crear un estado de opinión adverso que cree desánimo en las propias filas y distancia entre los electores. Se estigmatiza a Montilla, llevándole hasta el esperpento, se desacredita a Zapatero y se especula sobre su continuidad en el 2012, se acusan a todos los gobiernos socialistas, estén donde estén y gobiernen con quien gobiernen, por esto o lo de mas allá. En el País Vasco, porque Patxi López hace o deja de hacer, en la Comunidad de Madrid porque Trinidad Jiménez es o a dejado de ser…. Son muchas las voces interesadas en crear estos estados de opinión, incriminando, acusando, difundiendo rumores, levantando falsas acusaciones y gratuitas insinuaciones, todas ellas negativas, para presentar al PSOE como perdedor antes de jugar el partido y dando por hecho que la próxima parada (las elecciones) se apearán todos, cabizbajos y resignados.
Los socialistas nunca nos hemos resignado, ni hemos dejado de luchar por la justicia social, no abandonamos nuestras responsabilidades ni en tiempos convulsos como los presentes que obligan a tomar decisiones duras pero inevitables y necesarias. Pero habrá muchas sorpresas en las próximas elecciones. Muchos nos están condenando a no continuar porque dan por hecho la derrota, inoculando desánimo y desconfianza. Pero habrá sorpresas. La democracia se fundamenta en la alternancia política y en les recambios, y para que ello sea posible, el pueblo es el que vota, no los periodistas, ni tertulianos o grupos de comunicación. Para entrar y para salir se debe respetar las reglas de juego y no dar por perdido el partido antes de jugarlo.
dilluns, 11 d’octubre del 2010
dimarts, 5 d’octubre del 2010
A Dios rogando… y con el mazo dando
Cuenta la tradición cristiana que un pobre carretero iba por esos caminos de Dios, cuando de pronto el carro, de tan viejo y cargado que iba, se rompió en varios trozos. El carretero se quedó atónico, desesperado, sin saber qué hacer. En eso que por allí pasaba San Bernardo, al que el desesperado carretero le pidió que rogase a Dios para que arreglase su carro. San Bernardo le dijo que rezaría a Dios por él, pero, mientras tanto, que cogiese el mazo, se arremangase, e intentara arreglar el carro. Parece ser que de aquí viene la expresión A Dios rogando y con el mazo dando.
Digo todo esto en relación a las conclusiones a que han llegado diferentes líderes religiosos en un encuentro que, a iniciativa de la Comunidad de Sant Egidio, se acaba de celebrar en Barcelona con el objetivo de impulsar el diálogo interreligioso. Una de las ideas que más me ha llamando la atención es la crisis de esperanza. Muchos filósofos, teólogos o analistas de nuestro mundo coinciden en afirmar que la llamada crisis de esperanza es uno de lo peores males que estamos sufriendo. Y no se refieren sólo a situaciones derivadas de la crisis económica, del aumento del paro, o crisis políticas, sino algo más profundo que parece instalado en nuestra memoria colectiva. No sólo es desafección o desafecto, es falta de confianza en el futuro, y por tanto en nosotros mismos, y en el sistema del que formamos parte.
Somos muchos los que venimos insistiendo, desde siempre, que sólo con rezar no basta (o reflexionar, o meditar o definir con precisión lo que nos sucede), sino que, además, es imprescindible arremangarse y actuar. Y si viene la providencia, o la inspiración, o lo que sea, que nos pille trabajando para recuperar esa esperanza perdida con el afán de mejorar nuestro pequeño mundo. Cambiar y mejorar el mundo sin violencia es un deber de todos y una obligación que debemos ejemplificar.
El teólogo Hans Kung siempre nos advirtió que no habrá paz entre las naciones, mientras no haya paz entre religiones y que el diálogo interreligioso resulta imprescindible. Recuperar y reforzar nuestra esperanza en el futuro también. Árabes e israelíes lo miran de lejos, en Irlanda del Norte, desde otra óptica, lo supieron ver de cerca y en el País Vasco están cada vez más atentos.
El diálogo es imprescindible, ya sea ecuménico, interreligioso, civil o laico. El diálogo es necesario. Compartir puntos de vista en una dinámica dialógica favorece el conocimiento mutuo, y nos allana el paso para el entendimiento, primer paso para el encuentro.
Todos y todas, desde nuestras distintas responsabilidades, debemos contribuir a conjurar la llamada crisis de esperanza que tanto lastra el espíritu de la gente, generaciones, culturas y etnias. Hagamos lo que hagamos y creamos en lo que creamos, no dejemos nunca de esforzarnos. No cejemos en el empeño de intentar mejorar nuestro mundo. Recuperar la confianza, la esperanza en nosotros mismo y en nuestro futuro, es el primer paso para mejorarlo. Hay que seguir trabajando con el mazo del viejo carretero.
Digo todo esto en relación a las conclusiones a que han llegado diferentes líderes religiosos en un encuentro que, a iniciativa de la Comunidad de Sant Egidio, se acaba de celebrar en Barcelona con el objetivo de impulsar el diálogo interreligioso. Una de las ideas que más me ha llamando la atención es la crisis de esperanza. Muchos filósofos, teólogos o analistas de nuestro mundo coinciden en afirmar que la llamada crisis de esperanza es uno de lo peores males que estamos sufriendo. Y no se refieren sólo a situaciones derivadas de la crisis económica, del aumento del paro, o crisis políticas, sino algo más profundo que parece instalado en nuestra memoria colectiva. No sólo es desafección o desafecto, es falta de confianza en el futuro, y por tanto en nosotros mismos, y en el sistema del que formamos parte.
Somos muchos los que venimos insistiendo, desde siempre, que sólo con rezar no basta (o reflexionar, o meditar o definir con precisión lo que nos sucede), sino que, además, es imprescindible arremangarse y actuar. Y si viene la providencia, o la inspiración, o lo que sea, que nos pille trabajando para recuperar esa esperanza perdida con el afán de mejorar nuestro pequeño mundo. Cambiar y mejorar el mundo sin violencia es un deber de todos y una obligación que debemos ejemplificar.
El teólogo Hans Kung siempre nos advirtió que no habrá paz entre las naciones, mientras no haya paz entre religiones y que el diálogo interreligioso resulta imprescindible. Recuperar y reforzar nuestra esperanza en el futuro también. Árabes e israelíes lo miran de lejos, en Irlanda del Norte, desde otra óptica, lo supieron ver de cerca y en el País Vasco están cada vez más atentos.
El diálogo es imprescindible, ya sea ecuménico, interreligioso, civil o laico. El diálogo es necesario. Compartir puntos de vista en una dinámica dialógica favorece el conocimiento mutuo, y nos allana el paso para el entendimiento, primer paso para el encuentro.
Todos y todas, desde nuestras distintas responsabilidades, debemos contribuir a conjurar la llamada crisis de esperanza que tanto lastra el espíritu de la gente, generaciones, culturas y etnias. Hagamos lo que hagamos y creamos en lo que creamos, no dejemos nunca de esforzarnos. No cejemos en el empeño de intentar mejorar nuestro mundo. Recuperar la confianza, la esperanza en nosotros mismo y en nuestro futuro, es el primer paso para mejorarlo. Hay que seguir trabajando con el mazo del viejo carretero.
a
5.10.10
dilluns, 27 de setembre del 2010
Camino de ida y vuelta
La política debemos concebirla más como una dedicación que como un trabajo. Separar estas ideas es imprescindible. La política es un camino de ida y vuelta. Llegas, coges el tren, recorres un camino más o menos largo, arribas a una estación, te apeas, y coges el tren de vuelta. Fin del trayecto. Ahora suben otros con un destino calcado. La política no debe contemplarse como un fin, sino como un medio para conseguir fines colectivos, no personales o corporativos. Muchas veces he oído comentar, entre personas de todo tipo, que dedicarse a la política sólo debería estar al alcance de los que poseen estudios universitarios, ya que se supone que disponen de un mejor marco conceptual para comprender el entorno, además de cultura, idiomas, en el mejor de los casos, y perspectiva comparada. Negar esta evidencia es absurdo, como también vetar el acceso al que no cumple estos requisitos. Hacerlo seria limitar el acceso a la política al 85% del total de la población, por el mero hecho de carecer de estudios superiores. Algo que la propia esencia de la democracia niega y el sentido común reprueba y censura.
Soy de los que piensan que el acceso a la política debe tener los menos obstáculos posibles. Cualquier persona debe poder entrar en política y dedicarse a ella sin más requisito que su propio convencimiento. Ahora bien, después de entrar, la propia competencia interna, plural, transparente y en igualdad de condiciones, debe hacer el resto para seleccionar a los más capaces. No vale el amiguismo, ni colocar a familiares, amigos o conocidos. Los únicos interesados en defender el planteamiento elitista de limitar el acceso a la política, y favorecer a los propios, son los que no creen en la democracia y desprecian al pueblo soberano.
Sabemos que la política no se aprende en la universidad, el liderazgo tampoco. Liderar es conducir con el ejemplo personal como única bandera. Las fotos de estudio, las poses o los discursos son útiles, pero no definitivos. Sólo es líder aquel que por méritos propios se ha ganado la visibilidad y contribuye a la mejora del colectivo, de la sociedad. Es el que tiene visión, trabaja más que nadie, teje alianzas y establece complicidades positivas. Un buen líder sabe rodearse de personas más inteligentes que él, a las que atrae y fideliza, no de almas obedientes o mediocres. Igual que el liderazgo, la sensibilidad y el humanismo tampoco se aprenden memorizándolas. La sensibilidad es una cualidad humana que se cultiva en el trato personal. No se aprende a ser sensible o cercano. Como máximo se simula pero, tarde o temprano, acaba descubriéndose el engaño.
Cada vez creo más que necesitamos menos políticos de diseño, de laboratorio, de invernadero y más políticos bregados, conectados de verdad con la calle, con empatía, capacidad de aprendizaje, humildes, sacrificados, constantes y tenaces. Y que no olviden que la política es un camino de ida y de vuelta.
a
27.9.10
dissabte, 18 de setembre del 2010
El pedestal no forma parte de la estatura
Estoy releyendo un libro que recomiendo sinceramente: Los ensayos, de Michael de Montaigne. Escrito hace más de cuatrocientos años, analiza de forma minuciosa la condición humana y el comportamiento social. En un breve apartado titulado La desigualdad que hay entre nosotros, nos recomienda no juzgar a las personas por sus adornos, por su maquillaje, por su sexo, por su belleza, o por el lenguaje que utiliza. Nos alerta de no dejarnos deslumbrar por la pompa, por el brillo, por la locuacidad o por la estética del orador. Estas reflexiones me vienen a la cabeza al observar cómo la condición humana persigue persuadir con aditamentos de todo tipo, con el objetivo de hacerse ver, llamar la atención y generar confianza, a través de ir bien vestido, bien maquillado, con un corte de peluquería, o por exhibir una sugestiva sonrisa. La política no se escapa de ello, y muchos políticos, en mayor o menor grado, tampoco.
No hay duda que este tipo de enmascaramiento al que hace referencia de Montaigne altera nuestro juicio. El resultado en que, en un afán de reputación y de gloria, la esencia política queda marginada en un rincón, aislada por la estética política que le da la espalda en el ágora pública.
En palabras del ensayista francés, nos recomienda que es preciso juzgar por sí mismo, no por los adornos y preguntarnos por qué consideramos grande a quien nos lo parece. Y quizá respondamos por que no tenemos en cuenta la altura de las suelas.
El pedestal no forma parte de la estatura. Hay que medir sin los zancos, sin honores, sin maquillaje. Hay que ir con los ojos muy abiertos para saber en quien depositamos nuestra confianza política, en quien no y las razones por lo que lo hacemos.
No hay duda que este tipo de enmascaramiento al que hace referencia de Montaigne altera nuestro juicio. El resultado en que, en un afán de reputación y de gloria, la esencia política queda marginada en un rincón, aislada por la estética política que le da la espalda en el ágora pública.
En palabras del ensayista francés, nos recomienda que es preciso juzgar por sí mismo, no por los adornos y preguntarnos por qué consideramos grande a quien nos lo parece. Y quizá respondamos por que no tenemos en cuenta la altura de las suelas.
El pedestal no forma parte de la estatura. Hay que medir sin los zancos, sin honores, sin maquillaje. Hay que ir con los ojos muy abiertos para saber en quien depositamos nuestra confianza política, en quien no y las razones por lo que lo hacemos.
a
18.9.10
dimecres, 8 de setembre del 2010
28-N y 68-E
Hace escasos días Laia Bonet, secretaria de presidencia de la Generalitat, y previsible número dos de las listas del PSC al Parlament de Catalunya, decía que las próximas elecciones son una encrucijada entre Estatut o la vía muerta de Mas, entre senyera o estelada, federalismo o independencia, unidad o división; entre rigor o frivolidad. Entre Montilla y Mas. Subscribo totalmente estas palabras. No hay duda de que las próximas elecciones son trascendentales. A los socialistas nos ha tocado gobernar un contexto de profunda crisis, con un aumento insostenible del paro –la gente parada sufre y cuando son muchos, y la expectativas de encontrar escasas, todo se resiente–, hemos tenido que gestionar grandes cambios sociales, y todo ello en un marco de descrédito de la política. Además, el PP, desde el primer momento, ha venido laminado principios de convivencia básica y CiU no pareció aceptar sus dos derrotas y la legitimidad de un gobierno a tres. Hemos gobernando a contracorriente y, en muchos aspectos, a pesar de todo, hemos hecho tanto o más en 7 años de gobierno que en 23 años de CiU. Y no lo digo yo, sino los datos y las cifras.
Todo esto hay que explicarlo, y explicarlo bien. Cada uno de nosotros, y todos los que se consideran progresistas y socialdemócratas, debemos trasmitir esto a los círculos cercarnos y menos cercanos, a la gente de la calle, en las redes y foros sociales, en definitiva, hacerlo público, con activismo crítico y creativo, libre y abierto, que combata las mentiras de la derecha. Son las elecciones más trascendentales y políticas de las últimas décadas. Hay que activar y animar a que todo el mundo se active en una predisposición positiva al voto –sea cual sea–, que manifieste sus preferencias en las urnas, que nadie se quede en casa. Lo que hay en juego es mucho.
Mas se juega las elecciones a una sola carta, hará todo lo que esté en sus manos y recurrirá a todo tipo de armas. Sabe que o, es el próximo presidente de la Generalitat, o se retira de la política. Se juega mucho después de dos derrotas consecutivas.
CiU ha aprendido una cosa muy importante en estos últimos años, y que los socialistas debemos retener, y es no fiarse de las encuestas. Y sino miren las hemerotecas en las elecciones de 2003 y en las de 2006. Les daban como ganadores y de nada le sirvieron esas predicciones. El PSC deba aprender a fiarse sólo de nuestras posibilidades. El 28-N determinará quien tendrá los 68-E, sesenta y ocho escaños necesarios para elegir president.
La carga simbólica del encuentro Barça-Madrid, que se jugará el mismo fin de semana de las elecciones, algunos dicen que puede ayudar indirectamente a la movilización del electorado y combatir el absentismo del desencanto político. No lo tengo tan claro. Movilizar el electorado pasa por activar el propio partido, las agrupaciones locales, militantes y simpatizantes. Pasa por barrer calles, plazas y avenidas, en un puerta a puerta, presentando nuestra acción de gobierno y pidiendo el voto con ilusión, humildad y convencimiento, con la cara bien alta.
Hace muy poco un amigo mío me confesó una cosa muy curiosa. Me decía que, salvado las distancias, había encontrado una cierta similitud entre Iniesta, el jugador del Barça, y Montilla, el president de la Generalitat. Yo sorprendido por esta comparación le pregunté qué le hacia pensar eso y me dijo que la parecía que tanto Montilla como Iniesta eran personas reservadas y tímidas, pero daban mucho juego y construían equipo con personas de procedencia distinta. Además de que eran poco locuaces, hablaban un catalán limitado, y que le parecía que les gustaba poco las cámaras, quizá por el origen humilde y lejano de su procedencia. Pero lo que más me sorprendió fue cuando me dijo: sino fíjate cómo juega uno y otro, en muy poco espacio y rodeados de adversarios que le acosan por la derecha y por la izquierda por arriba y por abajo, y siempre encuentran una brecha donde abrir juego, y los dos son bajitos y, por encima de todo, buenas personas. La comparación quizá sea un poco atípica, pero me pareció simpática y así he querido reflejarlo.
Sea como sea, y al margen de esta anécdota, estas son las elecciones más decisivas de los últimos treinta años y todo el mundo tiene el derecho de saberlo y de poder participar activamente. Hay que procurar un rearme en las propias filas, llamar a rebato con ánimo constructivo, explicar la obra de gobierno y nuestro proyecto de futuro, y a ello debe contribuir todo el equipo, de todas las secciones, de todo el territorio. Como dice el dicho popular, entre bueyes no hay cornadas, y si las hay es que no son bueyes. La historia no está escrita. Nada es fácil, nada imposible.
Todo esto hay que explicarlo, y explicarlo bien. Cada uno de nosotros, y todos los que se consideran progresistas y socialdemócratas, debemos trasmitir esto a los círculos cercarnos y menos cercanos, a la gente de la calle, en las redes y foros sociales, en definitiva, hacerlo público, con activismo crítico y creativo, libre y abierto, que combata las mentiras de la derecha. Son las elecciones más trascendentales y políticas de las últimas décadas. Hay que activar y animar a que todo el mundo se active en una predisposición positiva al voto –sea cual sea–, que manifieste sus preferencias en las urnas, que nadie se quede en casa. Lo que hay en juego es mucho.
Mas se juega las elecciones a una sola carta, hará todo lo que esté en sus manos y recurrirá a todo tipo de armas. Sabe que o, es el próximo presidente de la Generalitat, o se retira de la política. Se juega mucho después de dos derrotas consecutivas.
CiU ha aprendido una cosa muy importante en estos últimos años, y que los socialistas debemos retener, y es no fiarse de las encuestas. Y sino miren las hemerotecas en las elecciones de 2003 y en las de 2006. Les daban como ganadores y de nada le sirvieron esas predicciones. El PSC deba aprender a fiarse sólo de nuestras posibilidades. El 28-N determinará quien tendrá los 68-E, sesenta y ocho escaños necesarios para elegir president.
La carga simbólica del encuentro Barça-Madrid, que se jugará el mismo fin de semana de las elecciones, algunos dicen que puede ayudar indirectamente a la movilización del electorado y combatir el absentismo del desencanto político. No lo tengo tan claro. Movilizar el electorado pasa por activar el propio partido, las agrupaciones locales, militantes y simpatizantes. Pasa por barrer calles, plazas y avenidas, en un puerta a puerta, presentando nuestra acción de gobierno y pidiendo el voto con ilusión, humildad y convencimiento, con la cara bien alta.
Hace muy poco un amigo mío me confesó una cosa muy curiosa. Me decía que, salvado las distancias, había encontrado una cierta similitud entre Iniesta, el jugador del Barça, y Montilla, el president de la Generalitat. Yo sorprendido por esta comparación le pregunté qué le hacia pensar eso y me dijo que la parecía que tanto Montilla como Iniesta eran personas reservadas y tímidas, pero daban mucho juego y construían equipo con personas de procedencia distinta. Además de que eran poco locuaces, hablaban un catalán limitado, y que le parecía que les gustaba poco las cámaras, quizá por el origen humilde y lejano de su procedencia. Pero lo que más me sorprendió fue cuando me dijo: sino fíjate cómo juega uno y otro, en muy poco espacio y rodeados de adversarios que le acosan por la derecha y por la izquierda por arriba y por abajo, y siempre encuentran una brecha donde abrir juego, y los dos son bajitos y, por encima de todo, buenas personas. La comparación quizá sea un poco atípica, pero me pareció simpática y así he querido reflejarlo.
Sea como sea, y al margen de esta anécdota, estas son las elecciones más decisivas de los últimos treinta años y todo el mundo tiene el derecho de saberlo y de poder participar activamente. Hay que procurar un rearme en las propias filas, llamar a rebato con ánimo constructivo, explicar la obra de gobierno y nuestro proyecto de futuro, y a ello debe contribuir todo el equipo, de todas las secciones, de todo el territorio. Como dice el dicho popular, entre bueyes no hay cornadas, y si las hay es que no son bueyes. La historia no está escrita. Nada es fácil, nada imposible.
a
8.9.10
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